En esta edición

Tutorial de Nori

Antes de decirle “no”, prepara la casa

Cuando Nori llegó, no le dimos acceso a toda la casa de una vez. Si iba a explorar, estábamos pendientes de ella. A veces la llevábamos con una correa cerca de nosotros. Otras veces usábamos barreras para bebés para limitar los espacios a los que podía entrar.

Entrenar también es prevenir

Es fácil pasar el día detrás de un cachorro diciendo “no, no, no”. Pero su aprendizaje no debería basarse en regaños ni en esperar a que haga algo para detenerlo. También podemos preparar el espacio para que le resulte más fácil hacer las cosas bien y mostrarle qué sí puede hacer.

Eso fue lo que intentamos con Nori. No se trataba de impedirle explorar, sino de acompañarla mientras aprendía a vivir en la casa.

01 · Empieza con pocos espacios

Tu cachorro no necesita recorrer toda la casa desde el primer día. Puedes cerrar una puerta o usar una barrera para bebés y dejar que conozca una zona mientras lo supervisas.

Si quieres que te acompañe por la casa, una correa puede ayudarte a mantenerlo cerca mientras explora. Úsala solo cuando estés con él y puedas estar pendiente.

02 · Revisa lo que queda a su alcance

Agáchate y mira el espacio desde donde está tu cachorro. ¿Hay zapatos, cables, bolsos o cosas pequeñas que pueda coger? Guarda lo que puedas antes de dejarlo entrar.

Es más fácil mover un zapato que repetirle “no” cada vez que lo encuentra.

03 · Dale más acceso poco a poco

Con Nori fuimos abriendo otros espacios a medida que crecía y podíamos acompañarla mejor. No había afán de darle toda la casa de una vez.

Puedes dejar que tu cachorro explore una zona nueva contigo cerca y observar qué hace. Si todavía necesita mucha ayuda para no coger cosas, vuelve a un espacio más pequeño y prueba de nuevo después.

04 · Cuando muerde algo que no debe

En nuestra casa hay algo difícil de guardar. A Nori le encantan los guardaescobas. Si nos descuidamos, a veces la encontramos mordiéndolos.

En ese momento me pregunto por qué puede estar haciéndolo. No es que quiera dañarnos el día ni que sea “mala”. Morder es normal en un cachorro y puede que esté buscando algo para masticar.

Entonces, sin armar alboroto, le ofrezco algo que sí puede morder, como un masticable deshidratado que le gusta. Y seguimos pendientes de ese rincón para evitar que vuelva a encontrar el guardaescobas cuando no la estamos mirando.

Preparar la casa no significa que nunca vayas a tener que intervenir. Significa que tu cachorro tiene menos oportunidades de meterse en problemas y más oportunidades de aprender contigo qué puede hacer.

Con las manos en la masa jajaja

Sabias que

Tu cachorro puede seguir tu dedo desde muy pequeño

Señalas dónde quedó un juguete y tu cachorro mira hacia allá. Parece un gesto sencillo, pero está usando una señal tuya para encontrar algo en el mundo.

En un estudio, investigadores escondieron comida bajo uno de dos recipientes y señalaron el que la tenía. Participaron 375 cachorros de unas ocho semanas. En promedio, eligieron el recipiente señalado más veces de las que habrían acertado por casualidad. Lo hicieron incluso desde el primer intento.

Cuando no recibieron esa señal, no encontraron la comida con la misma facilidad. Así que no se trataba simplemente de seguir el olor.

Lo interesante es que esta capacidad apareció antes de que los cachorros recibieran un entrenamiento extenso con personas. Los perros son especialmente atentos a nuestros gestos. Esa facilidad para comunicarse con nosotros es una de las cosas que más han interesado a quienes estudian cómo llegaron a vivir tan cerca de los humanos.

Eso no significa que tu cachorro vaya a seguir cada movimiento de tu mano. Pero sí nos recuerda que hablamos con él también cuando no decimos una palabra.

Lo que puedes hacer: la próxima vez que juegues con tu cachorro, señala un juguete que esté cerca y observa si sigue el gesto. Si no lo hace, acércate y ayúdalo. No es un examen para él. Es una forma sencilla de empezar a prestar atención a cómo se comunican.

Reflexionando con Nori

La decisión que sí era mía

En uno de los parques que visitamos hay una persona muy querida que suele pasear con cuatro o cinco perros. También va un gato. Camina con ellos como si fuera parte de la manada y siempre me ha dado mucha risa verlo.

La semana pasada llegamos con Nori y vimos que estaba allí con su cachorrito. Solté a Nori para que fuera a saludar al cachorro. Pero en ese mismo momento se acercaron otros perros más grandes. Todo pasó muy rápido. Nori quedó en medio de varios animales y empezo a correr, de repente, se encontró con el gato. Él reaccionó y le arañó un poco la nariz.

Era fácil decir que el gato tuvo la culpa, o que los otros perros no debieron acercarse. Es fácil quedarse con eso cuando ves a tu cachorro lastimado.

Pero después de darle vueltas, hubo una decisión que sí fue mía. La solté sin detenerme a mirar bien cuántos animales había alrededor ni cómo podía sentirse ella entrando a ese grupo. Tal vez se asustó o se sintió sin espacio para alejarse. No puedo saber exactamente qué pasó por su cabeza, pero sí puedo reconocer que no evalué bien la situación.

Eso me dejó pensando en lo rápido que podemos llamar “agresivo” a otro animal cuando algo sale mal. A veces es más difícil preguntarnos qué señales pasamos por alto nosotros y qué podríamos hacer mejor la próxima vez.

Con Nori todavía estoy aprendiendo a mirar antes de actuar. Y esta vez me tocó aprenderlo de una forma que me habría gustado evitarle.

Nori

Hasta la próxima edición.

Gracias por leer. Si esto te fue útil, reenvíalo a alguien que esté en el caos hermoso de tener un cachorro.

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— Juan y Nori