En esta edición
Tutorial de Nori
El entrenamiento positivo no empieza con la comida, empieza con la confianza
Cuando llega un cachorro, uno quiere enseñarle todo de una vez. Que se siente, que no muerda, que haga pipí donde debe y que venga cuando lo llamamos. El problema es que casi nadie nos explica cómo aprende un perro.
El entrenamiento positivo suele resumirse así. Tu cachorro hace algo bien y tú le das comida. Pero se queda muy corto.
No se trata simplemente de repartir premios. Es una forma de educar en la que intentamos entender qué necesita el cachorro, prevenimos errores y reforzamos las conductas que queremos volver a ver. En vez de obligarlo a obedecer por miedo o incomodidad, construimos las condiciones para que cooperar contigo sea seguro y valga la pena.
Tampoco significa dejarlo hacer lo que quiera. Un cachorro necesita límites, rutinas y estructura. La diferencia está en cómo se los enseñamos.
01 · La base
Antes de pedirle obediencia, construye confianza
El entrenamiento funciona mejor cuando tu cachorro se siente seguro contigo. Eso empieza mucho antes de enseñarle un comando.
Dormir lo suficiente, tener oportunidades para ir al baño, jugar, oler, morder cosas apropiadas y descansar también hacen parte de su educación. Si está asustado, agotado o demasiado acelerado, no está en el mejor momento para aprender.
Por eso la relación va primero. Obsérvalo. Aprende cuándo está receptivo y cuándo necesita una pausa. Entrenar no debería sentirse como una pelea entre los dos.
02 · La prevención
Controla el entorno antes de corregir al cachorro
Uno de los errores más comunes cuando llega un cachorro es darle demasiada libertad demasiado rápido. Después aparecen los zapatos mordidos, el pipí detrás del sofá y la persecución por toda la casa.
No es que el cachorro esté desafiándote. Le dimos acceso a una situación que todavía no sabía manejar.
Usa puertas para bebés, un corral o una correa liviana dentro de la casa mientras lo estás supervisando. Guarda cables, zapatos y todo lo que no quieras que muerda. Así evitas que practique conductas que después tendrás que corregir y creas más oportunidades para premiar lo que sí quieres.
03 · La motivación
Descubre qué vale la pena para tu cachorro
No todos los perros quieren lo mismo. Para uno, la mejor recompensa puede ser un pedacito de pollo. Para otro, unos segundos de juego. También puede ser abrirle la puerta para salir, dejarlo oler algo durante el paseo o darle acceso a un juguete que le encanta.
Esa es la 'moneda' de tu cachorro. Si sabes qué lo motiva en ese momento, puedes usarlo para enseñarle.
La comida no es un soborno cuando aparece como consecuencia de una conducta. Es una forma clara de decirle que eso que acaba de hacer le conviene y vale la pena repetirlo. Al principio puedes premiar seguido. Cuando la conducta ya esté aprendida, los premios pueden volverse menos frecuentes y mezclarse con juego, atención o acceso a algo que quiera.
04 · La comunicación
Elige una palabra para marcar el momento exacto
El premio casi siempre llega un poco tarde. Para cuando sacaste la comida del bolsillo, tu cachorro pudo haberse sentado, levantado y mirado hacia otro lado. Ahí entra el marcador.
Puede ser un clicker (TikTok/Instagram) o una palabra corta como “sí”. En la casa usamos “sí, muy bien” con Nori. Esa palabra le indica el instante exacto en el que acertó y le avisa que viene una recompensa.
Escoge un solo marcador y úsalo siempre igual. Al principio, cada vez que lo digas debe venir el premio. Si varias personas viven con el cachorro, todas deberían usar la misma palabra.
05 · La primera práctica
Empieza con una sesión de dos minutos
No necesitas comenzar con un comando complicado. Puedes enseñarle primero qué significa tu marcador y premiar algo tan sencillo como que te mire.
Busca un lugar tranquilo y prepara diez pedacitos pequeños de comida.
Di “sí” una vez y dale un premio inmediatamente. Repite varias veces para que empiece a conectar la palabra con algo bueno.
Después espera en silencio. En el momento en que te mire por voluntad propia, di “sí” y prémialo.
Repite cinco veces y termina la sesión mientras todavía tiene ganas de seguir.
No repitas la palabra muchas veces ni alargues la práctica hasta que se aburra. Varias sesiones cortas durante el día funcionan mejor que una sesión eterna.
Lo que dejamos por fuera
El entrenamiento positivo no usa dolor, miedo o intimidación para conseguir una conducta. Eso incluye tirones fuertes de correa, gritos, someter al perro sobre su espalda y collares de ahorque, púas o descargas.
Tampoco parte de la idea de que cada conducta incómoda es un intento del perro por dominarte. Si tu cachorro tira de la correa, salta o te muerde las manos, no está tratando de convertirse en el jefe de la casa. Es un cachorro que todavía no sabe qué esperas de él.
Los métodos aversivos pueden frenar una conducta en el momento, pero también aumentan el riesgo de miedo, ansiedad, evitación y problemas en la relación con el perro. Que un cachorro se quede quieto por temor no significa que haya aprendido qué hacer.
La expectativa correcta
Tu cachorro puede entender algo en la sala y olvidarlo por completo en el parque. No es terquedad. Los perros necesitan practicar la misma habilidad en lugares distintos y con distracciones graduales antes de responder de forma confiable.
No busques un cachorro perfecto en dos semanas. Busca pequeñas decisiones que puedas reforzar todos los días.
Empieza por dos cosas. Una palabra clara para decirle cuándo acertó y una recompensa que de verdad le importe. Con eso ya tienen un idioma en común.

Entrenando con Nori
Sabias que
Un bostezo no siempre significa sueño.
Los perros bostezan cuando están cansados, obvio. Pero también pueden hacerlo cuando una situación les genera estrés o incomodidad.
La clave está en mirar qué estaba pasando justo antes. Si tu cachorro bosteza varias veces en medio del entrenamiento, se lame la nariz, gira la cabeza o deja de aceptar premios, puede estar diciendo que la sesión se volvió demasiado difícil. No es que se haya vuelto perezoso o que no quiera aprender.
Un bostezo aislado no significa que algo esté mal. El contexto y el resto de su cuerpo son los que completan el mensaje.
Lo que puedes hacer: si aparece durante una práctica, haz una pausa. Baja la dificultad, aléjalo de lo que le incomoda o termina la sesión. Escucharlo también hace parte del entrenamiento.
Reflexionando con Nori
Lo que las redes no muestran de Nori
Últimamente me han escrito varias personas por Instagram y TikTok preocupadas por sus cachorros. Me cuentan que muerden lo que no deben, que no hacen caso o que parece que todo lo aprendido se les olvidó de un momento a otro.
Cuando hablamos, casi siempre termino diciéndoles lo mismo. Tranquilos. Muchas de esas cosas son completamente normales.
Creo que las redes pueden distorsionar un poco la realidad. En el canal ven a Nori haciendo un ejercicio, respondiendo a un comando o portándose juiciosa. Lo que no siempre se ve son todas las repeticiones que hubo antes, la consistencia de todos los días y los momentos en los que simplemente no nos hace caso.
Nori también muerde lo que no debe. También se distrae, se acelera y tiene días en los que parece que retrocedimos. No es una cachorra perfecta. Es una cachorra aprendiendo.
Que tu cachorro no obedezca siempre no significa que sea rebelde, que tenga un problema de actitud o que tú lo estés haciendo mal. Son bebés tratando de entender un mundo completamente nuevo. Detrás de un perro equilibrado hay mucho trabajo que casi nunca se ve.
La misión no es tener un cachorro perfecto. Es ser consistentes hoy para construir un perro con el que podamos compartir y disfrutar muchísimas experiencias durante muchos años.
Si estás pasando por esa etapa caótica, tranquilo. No lo estás haciendo mal. Nosotros también seguimos en el proceso.

Juan y Nori
Hasta la próxima edición.
Gracias por leer. Si esto te fue útil, reenvíalo a alguien que esté en el caos hermoso de tener un cachorro.
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— Juan y Nori

